La historia de la Cuesta

«La calle más leída de Madrid», tal y como definió Francisco Umbral a la Cuesta de Moyano, está a punto de cumplir un siglo de vida. En 2025 se celebrará el centenario del emplazamiento de los libreros en la emblemática Cuesta. Puede que muchos desconozcan que su nombre remite a Claudio Moyano, un político del siglo XIX que impulsó en 1857 la ley educativa más longeva de la historia española. Sin embargo, el espíritu de la feria de libros impregna de tal manera el lugar que ha acabado por adueñarse de él, como no podía ser de otra manera, a través de un recurso literario: «el todo por la parte».

«Un libro siempre es nuevo», José María Pemán

Así, quien hoy dice que va a Moyano, o a la Cuesta de Moyano, en realidad va a visitar la feria de libros en busca de algún tesoro. Varias generaciones de lectores han convertido de esta manera a la Cuesta de Moyano en un lugar único en Europa donde la literatura es la historia misma de la calle.  

Durante mucho tiempo, los libreros estuvieron asentados en el mercado de la Plaza de Atocha, donde compartían clientela con floristas y fruteros. En 1919, abrieron sus casetas junto a la verja del Jardín Botánico, constituyéndose oficialmente como feria de libros. Los primeros años de vida de la feria estuvieron marcados por las continuas quejas por parte de la gerencia del Botánico, quien se oponía al nuevo emplazamiento de los libreros. Finalmente, en 1925, la feria de libros quedó establecida en la Cuesta de Moyano, donde echó raíces hasta el día de hoy. 

La historia de Moyano está íntimamente ligada a la historia literaria española e incluso universal. Moyano es un lugar que ha sido frecuentemente visitado por ilustres como José Ortega y Gasset, Ernest Hemingway, María Zambrano, Pío Baroja, Gómez de la Serna, Azorín, Patti Smith, Federico García Lorca, Carmen Iglesias, Francisco Umbral, Álex de la Iglesia, Christina Rosenvinge o Arturo Pérez-Reverte, entre otros miles.  Pocas calles en el mundo han visto pasar a tantas voces imprescindibles de la cultura, sin embargo, Moyano también ha sido y es el refugio perfecto de literatos anónimos, poetas tímidos y lectores de incógnito. Moyano fue el lugar donde podían encontrarse los libros prohibidos durante la dictadura, donde se sellaban auténticos pactos de silencio entre lectores y libreros. A día de hoy, siguen encontrándose entre las páginas de libros adquiridos en Moyano billetes de tranvía de los años 40, notas de amor y fotografías anónimas que aguardan pacientes a que algún día un lector descubra su historia. 

Desde 1925, Moyano prácticamente no había cesado su actividad hasta el año 2020 por culpa de la pandemia de COVID-19. Incluso durante la Guerra Civil o los atentados de Atocha de 2004, los libreros continuaron trabajando para mantener abiertas las casetas. Estas presentan prácticamente el mismo aspecto que el de los años veinte, lo cual añade valor histórico a la feria y la hace todavía más singular. Tan solo han sido renovadas en 1986 para que puedan disponer de agua, electricidad y teléfono. 

La historia de la Cuesta de Moyano es inseparable de la historia de Madrid. La asociación Soy de la Cuesta trabaja para que el futuro no arrebate a la ciudad un pedazo tan relevante de su historia.

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